viernes, 09 de junio de 2006
Imagen


La Doma.

Hoy mi fantasía te convirtió en un nómada del desierto, orgulloso, arrogante, altivo, al menos eso es lo que veía la orgullosa, arrogante y altiva mujer de una tribu rival en que aparecía convertida yo.

Ya sabes cómo es, el juego de la seducción del que alguna vez hablamos para luego negarlo o desdeñar (aparentemente) a la persona a la que queríamos seducir.

Un grave error sin duda.

Yo hacia eso contigo sin conocer aún realmente el alcance de tu poder; me sentía segura y protegida por eso jugaba sin medir las consecuencias; como una niña caprichosa e inconsciente.

Demasiado caprichosa incluso para seguir o atender los consejos de mis mayores, lo que me hacia arriesgarme a diario enojando a quien no debía o metiéndome en situaciones en cierto modo peligrosas que no siempre iba a poder controlar, y eso, la pérdida del control sobre mi vida, lo tenia que aprender de ti.

Un día mis temeridades se aliaron contigo y durante una escapada al desierto, me perdí; si, justo en tu terreno... y a partir de ahí, la historia de mi vida cambia por completo.

Me encontraste casi al borde de la muerte y me rescataste para conseguir que me recuperara primero y para lograr doblegarme después en todos los sentidos.

Me cuidaste o hiciste que me cuidaran durante días como nadie lo había hecho nunca para luego exigirme más de lo que creía posible dar, por las buenas o por las malas...

-Estás en mi poder, eres mía.

-¡Ni lo sueñes! ¡Exijo que me devuelvas con los míos!

-¿Exiges?, ¿tú exiges?

- Si

-No lo entiendes, ¿verdad? Nadie sabe que estás aquí, nadie va a negociar o a tratar de rescatarte, te han dado por muerta y yo puedo hacer que esto siga así el tiempo que me plazca.

-Pero tú no quieres tenerme aquí…

- Mmmmmm ¿quién sabe? A lo mejor te convierto en mi esclava…

- ¡Eso ni lo sueñes! Antes muerta

- Ya me debes la vida, es justo que ahora me la dediques.

- Estas loco…

- Por las buenas será más placentero para ti, pero tú eliges…

- Nunca, óyeme bien, ¡Nunca seré tuya! Y si me quieres esclava, no será por las buenas

- Bien, entonces que sea por las malas…


No sé si al principio me rescataste para devolverme a mi tribu, tal vez fue mi actitud altiva y exigente lo que te dio la idea de hacerme "pagar" por los gastos que generó mi curación y mi mantenimiento.

Te fuiste apoderando de todo, mi tiempo, mi trabajo, mi mente, mi cuerpo... siempre te debía algo que mi orgullo me obligaba a querer pagarte.

Y así me fui envolviendo, -no sin tu ayuda- en un mundo de esclavitud del que renegaba a menudo de palabra, pero que iba arraigando con fuerza dentro de mí convirtiéndome en una mujer distinta para siempre.

Rara vez me dirigías la palabra, lo que era un alivio y un castigo a la vez, tenia que servirte junto con otras de tus esclavas y sirvientas como si fuera una de ellas, sin diferencias de trato, devoción, respeto u obediencia hacia ti.

¿Cuántos castigos de corrección me costó aprender y aceptar eso?
Tantos que no consigo enumerarlos todos; azotes con diferentes instrumentos, encierros, privaciones de agua o alimento para doblegar mi cuerpo y a la vez mi estúpido orgullo...

Los castigos más duros siempre los ejecutaste personalmente tu, lo que me hacia sentir más humillada si cabe.

Así descubrí que te complacía debilitar mi cuerpo y mi rebeldía con tu poder, pero que tratabas de no desposeerme de toda mi dignidad o mi carácter.

Cuando me negaba a trabajar y me castigabas, ponías cadenas en mi cuello, mis manos o mis pies, eras más duro, más constante en tu vigilancia, más extremo en la corrección de los errores.

Gozabas de humillarme constantemente de mil formas, física y moralmente, pero sin tratar de hundirme en un pozo del que no pudiera salir, eso si, más dócil a cada momento para ti.

Eras justo e injusto. Yo te sentía enorme y poderoso y, sin saber muy bien cómo ni porque, iba sintiéndome cada día mas humilde en tu presencia, hasta que una mañana me sorprendí a mi misma deseando complacerte en lugar de enfrentarme constantemente a ti.

¿Qué me estaba pasando?

Cuando ya hacia tiempo que había olvidado mi nombre a base de no escucharlo, cuando las durezas de mis manos eran más que evidentes, cuando tu desdén al decirme que seria mio solo aquello que fuera capaz de ganarme con esfuerzo, yo no me rebelaba ya, sino que aceptaba todo aquello sin querer mostrarlo todavía.

Estaba prisionera de tu voluntad, de tus deseos, de tus caprichos y tus perversos juegos, dependía de ti todo lo que me concernía y yo... internamente aprendí a gozar de aquella forma de vida, de manera que cada día tenía menos deseos de ser liberada o escapar...

Publicado por cami.s @ 4:16  | Relatos
 | Enviar